Jueves, 14 Abril 2016 00:00

De productores de acero a músicos del Titanic

 
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  “Lo que nosotros no queremos es llegar a la empresa y vernos las caras. Esas ocho horas de trabajo pasan rápido cuando estamos trabajando, nos da dolor estar en esta situación”.  
     

Hoy nada se asemeja más a Guri que Sidor. La sequía en el embalse de la presa más importante ha dejado también como un desierto a la siderúrgica que, en su momento, fue la más importante del Caribe y que hoy acumula tres meses paralizada por restricción energética y falta de insumos.

Mientras el Gobierno decreta juntas obreras e intenta arrancar el motor 15 industrial, los trabajadores de la siderúrgica tratan de digerir su nueva realidad: un trabajo que no es trabajo porque no hay oficio, una rutina inexistente porque no hay transporte para llegar a la empresa, una gerencia que desinforma con su silencio y un sindicato partido en varios grupos haciendo maromas.

La mayoría de los sidoristas contempla el quiebre de una rutina que forjó el orgullo de llevar el nombre de su empresa en el pecho: convertir el mineral de hierro y chatarra en un líquido que transformó al mundo y condujo a Venezuela a la modernidad. No es cualquier cosa la producción de acero para Guayana, que aunque hoy es nada, evoca la interrelación del hombre con su entorno natural e industrial, a partir de la cual se generó una identidad.

Es eso, ese oficio que fraguó la ciudad, lo que los sidoristas ven ahora desdibujarse con otro asombro: al Gobierno no le importa.

Sin transporte

Héctor Brito tiene cinco meses caminando hasta la parada de transporte en Guaiparo, San Félix, para regresar sin respuesta. De 10:00 a 11:00 de la noche, cuando le toca el turno de noche, es una especie de ruleta rusa. “Cada quien asume el riesgo”. Brito no entiende “la falta de compromiso de la gerencia de Sidor de proveer lo necesario para que podamos trabajar, porque aquí estamos los trabajadores dispuestos a trabajar”.

     
  “En ese portón donde recibimos información, donde vamos nosotros a buscar la información, corremos peligro. Entonces no solamente es en las áreas de trabajo”.  
     

Contrario a lo que en su momento patrocinó el Ejecutivo, este grupo de sidoristas dice representar a un universo amplio que también quiere lo mismo: trabajar. “Es que no queremos que nos regalen nada”.

“Entonces un Gobierno nos incita a que no trabajemos un día menos de la semana, llevando el pueblo a la flojera. Si vamos a activar motores de producción, vamos a hacer lo conveniente”, insiste.

Se trata de hacer lo que se puede, agrega Tadeo Belisario, un veterano sidorista. “porque sin ton ni son la empresa quitó el transporte y nos quedamos en la parada esperando el transporte”. “Yo pienso que eso es el detonante de esta situación. ¿Qué podemos hacer?”.

Verse las caras

Dar esta opinión, incluso, ha sido difícil para este grupo de sidoristas de diversas áreas. En cola se han organizado para movilizarse hasta cerca de la planta, en la redoma La Piña, y pronunciarse este semana para intentar llamar la atención de alguien.

Pedro Carpintero, con 30 años de servicio, es uno de los que no ha podido ingresar desde hace dos meses. “Me reintegré y estamos en el mes de abril y el transporte no pasa por las paradas”.

“En el año 86, estaban en las tres máquinas, estaban todas productivas, ahorita vemos cómo han deshuesado los hornos y ahorita eso está crítico, no por El Niño, sino desde hace mucho tiempo atrás”, acotó.

Es la Sidor que Carpintero aspira volver a ver. “Lo que nosotros no queremos es llegar a vernos las caras”. Esas ocho horas de trabajo, recalca, “pasan rápido cuando estamos trabajando, pero a nosotros nos da dolor estar en esta situación” de la cual responsabilizan a la última de las ocho gerencias que han pasado por la acería desde la reestatización en 2008.

Miedo y daño 

El trabajo siderúrgico es uno de los más peligrosos del mundo, pero a los sidoristas no les asusta el proceso productivo (el que hoy no existe) sino sus consecuencias.

El temor es ahora por bajar a las áreas de trabajo porque “corremos peligro, igual en las paradas, asaltan a los compañeros porque no contamos con nada. Tenemos que movernos como casados, incluso para ir al baño, esa es la realidad que estamos viviendo dentro de Sidor”, relata Jhonny Cacique, ante ese otro factor que no esperaban: la delincuencia en el trabajo.

     
 

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Si quisieran arrancar la planta no podrían. “No podemos ni cuidarla porque no tenemos medios para trasladarnos, no tenemos ni siquiera la posibilidad de trasladarnos a nuestros sitios”.

Para Cacique “es como una desidia de información, nadie sabe nada. Ni siquiera comentarios de pasillo. No sabemos si con Guri lleno podemos arrancar Sidor”.

La rutina es llegar a la empresa y “preocuparnos más, porque esto nos está afectando a todos psicológicamente la situación en la que se encuentra nuestra empresa, al llegar y ver esa soledad”.

Violencia por doquier

Intentar buscar información tampoco les resulta sencillo. Tradicionalmente ha sido el portón III de la estatal donde el sindicato (Sutiss) cumple con el rol de dar señas, buscar la verdad y encausar al movimiento siderúrgico.

Hoy el portón III es otra zona roja, advierte Víctor Sotillo, con 28 años en Sidor. “Se ha convertido en zona de peligro para el trabajador debido a las bandas armadas de corrientes sindicales que están allí, bajo la mirada muy indiferente de la directiva de la empresa, allí se viven a diario enfrentamientos con armamento en la mano”.

“En ese portón donde recibimos información, donde vamos nosotros a buscar la información, corremos peligro. Entonces no solamente es en las áreas de trabajo”. Lo peor, acota, es que “todo ha ocurrido bajo la mirada muy indiferente, muy indiferente, de quienes están al frente de la acería”.

Los trabajadores coinciden en que, este año, Sidor no podrá arrancar. Los robos son tan frecuentes dentro de la planta, que el desmantelamiento pasará sobre la producción de acero líquido.

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