Jueves, 22 Febrero 2018 00:00

Al jesuita Sabino Eizaguirre lo recordaron como ejemplo de coherencia moral

 
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Entre anécdotas despidieron al sacerdote Entre anécdotas despidieron al sacerdote Fotos William Urdaneta

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El obispo de Ciudad Guayana, Helizandro Terán, fue quien dijo la frase en la iglesia del Colegio Loyola Gumilla, en Puerto Ordaz: “Él era un ejemplo de la coherencia entre el decir y el hacer”. Todos asintieron. Porque nadie parecía estar en desacuerdo.

Así resumió el obispo el rasgo central del carácter del sacerdote jesuita Sabino Eizaguirre, quien murió el martes después de que le sobrevino un infarto que le dejó tiempo al religioso, al menos, de saber que le quedaban pocos minutos de vida.

Había llegado de una misa con frutas, muchas, relató Terán, como parte de las ofrendas. Estaba contento, añadió, y repartió el condumio entre los obreros que estaban en el Loyola Gumilla.

Así, en esas, lo atacó el infarto: pidió a un doctor, que llegó pronto para aliviarle el dolor. Pero según los que allí estaban, Sabino Eizaguirre se entregó al final después de enviar un mensaje: “Díganle a los míos que muero feliz”. Así fue.

In memoriam 

Eizaguirre era licenciado en Filosofía y Letras. En 1954 comenzó sus estudios religiosos en el Noviciado de Los Chorros. En 1966 fue ordenado sacerdote en España. Cuatro años después ya era el pionero de la Misión Obrera de Venezuela, de la que fue fundador.

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Con aquello del norte como sur, se instaló en Guayana. Hasta su muerte el martes. Acá tuvo su centro de acción tanto en el Colegio Loyola Gumilla como en otra institución que se robusteció en la zona con su trabajo: Fe y Alegría.

Fue mediante la red de escuelas que dirigió el Instituto Radiofónico Fe y Alegría. Al respecto, en un mensaje de Facebook, el comunicador audiovisual y profesor de la UCAB Guayana Alfredo Calzadilla recordó anécdotas compartidas durante los años de trabajo conjunto.

“Para mí, Sabino era un apellido. Por eso me chalequearon en la oficina del IRFA cuando después de varias semanas de comenzar a trabajar con ellos pregunté ¿Cuál es el nombre del padre Sabino? Pregunta de loco. Dios sabe cuántas diferencias tuvimos, cuántas discusiones, argumentaciones y defensas ocurrieron en su oficina. Pero también compartimos muchos sueños y no poca complicidad sobre esa radio particular que nos tocó echar a andar y engranar”, escribió.

El provincial de la Compañía de Jesús en Venezuela, Rafael Garrido, quien ofició la misa de despedida, recordó que a Sabino Eizaguirre tenía una obsesión: la concordia. De hecho, “no buscaba el conflicto: lo evadía”.

Lo evadía tanto como evitaba ser trasladado a otra ciudad. Pues “tenía miedo a que si lo trasladaban a otro lugar, le dijeran que estaba muy viejo”. Así le llegó el último día: en donde quería y como quería. Y feliz, según dijo en esas últimas palabras.

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